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Yo soy voluntaria en el Centro Social María Inmaculada donde forman y buscan trabajo para mujeres inmigrantes.

Todo empezó en septiembre cuando mi primo que trabaja en Cooperación Internacional ONG, me propuso hacerme voluntaria porque sabía que hablaba valenciano y que en un centro social con el que colaboran habitualmente necesitaban una profesora de valenciano los sábados por la tarde para dar clases.

Me quedé pensando sobre todo por el problema del tiempo ya que entre semana con el trabajo no tengo mucho, pero por otro lado, siempre me había gustado dar clases y me pareció muy interesante poder ayudar, así que le dije que si y tuvimos una reunión con la Hermana Asunción quien me enseñó el centro y me facilitó todo el material.

A la semana siguiente allí estaba yo delante de 25 mujeres de diferentes países y culturas dando clases de valenciano, mujeres que han tenido que venir de muy lejos para intentar tener una vida mejor, o que tienen que mandar dinero a sus hijos que se han quedado en sus países con sus abuelos y a los que hace mucho meses, incluso años,  que no han podido ver porque tienen que elegir entre ir unos días a su país o seguir mandándoles dinero para que puedan vivir con la dignidad que toda madre quiere para sus hijos, por lo que ante estas situaciones la verdad es que no me arrepiento de haber empezado y estoy muy contenta por la oportunidad que tengo de poder ayudarlas.

También aprovecho estas líneas para dar las gracias a la Hermana Asunción por la gran labor que realiza, por su delicadeza en la organización, por el ejemplo que nos da todos los días y por su dedicación con los más necesitados. Con más gente como ella iríamos todos mejor.

Mi historia no creo que sea muy diferente a la de miles de personas que echan una mano con personas que lo necesitan, pero quizás con mi testimonio alguien que lo lea se anime a hacer voluntario.

Pilar – Voluntaria-

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