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Nos llegan en muchas ocasiones testimonios de nuestros voluntarios. Queremos agradecer a Fátima sus palabras y nos parece oportuno publicarlas en este blog. ¡Voluntario, muchas gracias por vuestro empeño y dedicación en 2012!

Os dejamos el testimonio aquí:

Tenía ganas de hacerme voluntaria, de ayudar a los demás, pero no sabía como hacerlo. Contacté  con Cooperación Internacional ONG y después de una reunión me explicaron los proyectos que dirigen. Por mi disponibilidad encajaba en el voluntariado de la Residencia la Nostra Casa (un lugar dedicado a la atendión de personas con discapacidad intelectual). Después de que me enseñaran la residencia, y me presentaran a alguno de sus residentes,  ese mismo jueves empecé. 

Y mi primer día  nerviosa por si les caía bien, me encontré con 15 locos, pero locos por la vida. A pesar de la diferencia de edad que hay entre algunos de los residentes, todos parecían estar de acuerdo en lo que querían: jugar y reírse, reírse sin parar. Aquella tarde había salida, y fuimos al Muvin a hacer manualidades. Jugamos con plastilina, merendamos y volvimos a casa, me lo pasé tan bien que estaba esperando con muchas ganas al siguiente día que tenía que volver.

Una de las actividades que más gusta es cantar al “Singstar”, ahí estaba yo compitiendo micrófono en mano con Jose María que es sordomudo, pero que acompaña los pocos sonidos que emite con movimientos de brakedance ganándome en presencia en el escenario por mil puntos, o con la Mari “torera” indignada porque según ella, le dan el peor micro, o con mi compañero de voluntariado y amigo Edu, bajo la atenta mirada de los 20 residentes que se reían cada vez que desafinábamos.

En realidad, el papel como voluntaria es estar con ellos y conseguir que se entretengan un ratito. Pero ellos hacen mucho más por mí, contagiando su alegría y haciendo que durante dos horas  se olvide cualquiera de las preocupaciones y que mi mayor preocupación sea si hago bien el circuito de deporte, o imito bien lo que quiero representar con mímica en los talleres de expresión corporal. Y así, siempre me llevo la sonrisa permanente en la cara de Dani,  la tranquilidad de Angelita, el don de hablar sin parar de Francisca, la paciencia de Miralles para explicarse lo que quiere con signos, la alegría de Ana y su risa contagiosa, o lo infinitamente presumida que es Sarita, …y así mil detalles de cada uno de ellos, detalles que les hacen diferentes a cualquier otra persona que conozco.

Me quedo con los abrazos y besos de todos, y con las ganas de agradecerles que me hayan hecho más feliz. Por todo esto, me gusta y me ha cambiado, hacer voluntariado, porque si un día no me hubiera decidido a ir, no les habría conocido, y no me habrían enseñado otra forma de ver la vida.

 Fátima Lorca

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